¿Qué es en realidad la Ayuda Humanitaria?

Se conoce como Ayuda Humanitaria a las intervenciones para apoyar a poblaciones desfavorecidas inmersas en una crisis humanitaria, ya sean víctimas de una catástrofe natural (terremotos, inundaciones, sequías), por conflictos armados o bien para luchar contra la pobreza crónica.

Las actuaciones pueden ser por tanto de ayuda en emergencias como de cooperación al desarrollo; ambas se llevan a cabo sobre el terreno (cualquier rincón del planeta) tocando una variedad de campos: salud, alimentos, medios de subsistencia (agricultura, ganadería, comercio), rehabilitación de infraestructuras, planes de reducción de riesgos, protección legal, educación, agua y saneamiento, amparo de personas vulnerables (refugiados), etc.

Antecedentes

Numerosas organizaciones no gubernamental (NGOs) y agencias internacionales (estatales, regionales, UN…) realizan a lo largo de todo el planeta números proyectos de Ayuda Humanitaria (asistencia al desarrollo y ayuda en emergencias). Cada año se incrementa el número de estas organizaciones, el número de proyectos, el área geográfica y el presupuesto de cada una de ellas.

La decisión de cómo y dónde se hacen los proyectos suele decidirse por el personal internacional de estas organizaciones (o por la presión de sus donantes), sin tener en cuenta, en la mayoría de los casos, la opinión de los propios beneficiarios a los que va destinada la ayuda. La población local rara vez decide acerca de la idoneidad de las actividades durante la redacción del proyecto, tampoco durante su ejecución y, mucho menos, en la fase final y de evaluación.

¿Cómo funcionan los proyectos?

Por lo general, durante la crisis humanitaria, un equipo técnico enviado al terreno evalúa la situación en cualquiera de los campos de intervención (salud, agua, nutrición, reconstrucción, etc). De ahí nace una propuesta que explica qué tipo de actuación, sobre qué población, durante cuánto tiempo y con qué objetivos; todo ello con un presupuesto que, en caso de ser aprobado por el financiador, se pondrá en marcha lo antes posible.

Durante la ejecución del mismo, es esencial –en teoría- la participación de la población beneficiaria, y para ello es necesario su implicación en la fase anterior del diseño del propio proyecto. Nadie mejor que tú sabe lo que realmente necesitas.

Al cierre de proyecto se llevará a cabo una evaluación para valorar en qué grado se han cumplido los objetivos, y si se hace necesaria ampliar el proyecto, aplicando criterios de mejora a través de las lecciones aprendidas y adaptadas a la situación cambiante.

¿Quién lleva a cabo los proyectos de Ayuda Humanitaria?

Existen distintas Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) con distintas especializaciones, las hay Internaciones y locales, religiosas y laicas. La ayuda puede provenir también directamente de los gobiernos (Ayuda Bilateral) o de Organizaciones Supranacionales como la Unión Europea o la ONU, a través de sus distintas agencias (UNICEF, ACNUR, OMS, PAM, OCHA, etc).

Normalmente las organizaciones aspiran a respetar los criterios de neutralidad e imparcialidad, si bien se ven en la tesitura –a veces- de tener que seguir los intereses del donante.

¿Quién financia la Ayuda Humanitaria en el mundo?

En general hay dos tipos de fuente de financiación: públicas y privadas.

Públicas:
Proceden de partidas especiales que los gobiernos dedican a este asunto. Puede tratarse desde pequeños ayuntamientos, diputaciones, gobiernos regionales y estatales, Unión Europea, Naciones Unidas, Banco Mundial, etc.

Privadas:
Donaciones periódicas o puntuales de fundaciones, empresas, particulares (socios, simpatizantes o aportaciones mediante campañas de sensibilización).


Sea cual sea la fuente de financiación, seas consciente o no, parece claro que, directa o indirectamente, a través de tus donaciones o de tus impuestos, tú eres en último término quien, en parte, financia la Ayuda Humanitaria.

¿Sirve para algo la Ayuda Humanitaria?

Esta es la pregunta que, miles de veces, muchos nos hemos hecho. Y no, no hay una respuesta tajante. No sería justo meterla toda en un mismo saco, si bien es lícito el debate acerca de su efectividad: ¿Va dirigida a quien realmente lo necesita? ¿Crea dependencia en las regiones donde se intervine? ¿Sustituyen las Organizaciones Internacionales el papel que correspondería a las propias administraciones locales? ¿Se utiliza como un instrumento de política internacional? ¿Se trata de un paliativo a razones más profundas que debieran ser tratadas con otro enfoque? ¿Se adapta la ayuda a la peculiaridad de las personas a las que va dirigida? ¿Es posible que se repitan los mismos errores una y otra vez? ¿Se trata el síntoma descuidando la causa? ¿Evitan sufrimiento y mejoran la calidad de vida de las personas?

En Relief voice pensamos que nadie mejor que los propios beneficiarios para respondernos.

¿Quién valoraba, hasta hoy, los proyectos de Ayuda Humanitaria?

Cada proyecto es evaluado para conocer su impacto; qué ha ido bien y qué podría haberse mejorado. Es un paso obligado en la mayoría de Organizaciones a la vez que una condición impuesta por el financiador. La evaluación saca conclusiones acerca de los resultados obtenidos y los objetivos que se fijaron sobre el papel. Es, además, la manera que tienen las Organizaciones de rendir cuentas a sus donantes.

El evaluador suele ser un especialista con experiencia en el tema concreto que recopila toda la información generada además de visitar el proyecto sobre el terreno, contactando con el propio personal que intervino, las autoridades locales y –a veces- una pequeña muestra de la población beneficiaria, si bien estos últimos pueden ser reacios a hablar con un desconocido al que asocian con promesas de más ayuda. Y en efecto, razón no les falta: solo un informe de evaluación positivo animará al donante a implicarse nuevamente. La Organización Internacional tampoco desea quedar mal ante su mecenas.

El evaluador siempre podrá filtrar los pocos comentarios que sobre el terreno haya recogido aquí y allá, incluso tendrá que morderse la lengua y autocensurarse a veces en sus conclusiones si realmente quiere volver a ser contratado por la ONG o Agencia Internacional en una próxima colaboración.

Es muy importante para el donante conocer con precisión el impacto de los proyectos que financia mediante valoraciones de primera mano, sin intermediarios contratados por las propias organizaciones a las que hay que valorar (juez y parte).

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